Primera experiencia en centros TIC:
Después de semanas de esperar, por fín comenzamos la nueva aventura. Por fin, han venido a retirar el material de las aulas. Se presentan pocos señores con un camión poco más grande que un motocarro, una carretilla y mogollón de botellas de agua.
Primera pregunta ¿Qué tenemos que hacer?. Acto seguido nos informan que el material que retiran pueden llevárselo a alguien que lo quiera o, directamente, llevarlo a que lo quemen. Por votación optamos por que lo quemen, pero una organización local ve muy conveniente almacenar cientos de mesas y sillas, por si acaso. Por si miles si acasos, habría que decir.
Primera tarea: Entrar el camión en el recinto: Después de raspar la pared de entrada, el conductor, poco ducho por lo que parece, arremete contra unas palmeritas terminándolas de machacar. Acto seguido embiste las copas de los árboles y deja el suelo plagado de ramas destrozadas. Pretende subir el camión por una rampa, pero temiendo que nos derribe el muro se lo impedimos. Deja el camión a quince metros de la puerta.
Después de tres cuartos de hora ya han evacuado un aula y se van a desayunar (una hora). Sólo quedan quince aulas más.
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Cuanto toca desalojar las aulas del piso superior, las criaturas piden que se les deje utilizar el ascensor. Dos horas más tarde se quedan encerrados en él. !No me lo exlico! -dice uno de ellos- sólo nos hemos subido tres personas, catorce mesas y veintidós sillas.
La puerta se ha desmadejado y sólo abre arrempujando. Podía ser peor. De hecho, fue peor. Cuando volvimos a conectarlo no se encendían ni las luces.
Son las seis de la tarde y aquí seguimos. En el hall del instituto sólo quedan trozos de mobiliario, tornillos, destornilladores sueltos y cuarenta y dos botellas de agua vacías.
Después de lo de hoy sólo nos queda esperar al que tiene que venir a hacer la instalación de la red telefónica, al de la instalación eléctrica, al que tiene que instalar el sistema de alarma, a los que deben traer el nuevo material, a los que lo tienen que instalar, al pintor... Ah, claro, y al tío que nos tiene que arreglar el ascensor.